Inicio y reinicio

“Todos los grandes hechos y todos los grandes pensamientos tienen un comienzo ridículo” – Albert Einstein

Un inicio tropezado

Mis aventuras con el café iniciaron cuando estudiaba Odontología. Para tratar de mantenerme despierta, siempre buscaba una ayuda extra (ejem, tiamina). Con el tiempo y mi disgusto hacia el sabor de esa pequeña pastilla, recurrí al café de maquinita, ese que aprietas un botón y *tssssss* listo, ¡un café al instante! Era de esos cafés que tomaba por inercia, sin siquiera pensarlo. Sabía que me desagradaba pero me mantenía despierta.

En búsqueda de la taza

Todo empezó con un…

“¡Tiene que haber algo mejor que esto!”

Leyendo sobre una tal prensa francesa y cómo funcionaba, fui a la tienda por departamentos más cercana. Agarré la cuestión, un molino de cuchillas para especias y una bolsa de café en granos con una etiqueta “no tan comercial”. Regresé a la casa a inventar un brebaje y sorpresivamente, resultó en algo más agradable al paladar que muchas tazas que había probado antes. Mi cabeza se confundió cuando descubrí que el café negro podía saber a algo que no era “amargo”.

Con un poco más de interés, fui a un par de degustaciones, entre ellos el Tour del Café de Boquete Tree Trek (Finca Río Cristal de Kotowa) en el 2014 y la presentación de la nueva cosecha de Cafetos Gourmet en el 2015, donde presentaban la historia y parte de la ciencia detrás del café.

Mi cabeza explotó cuando aprendí que existía una historia detrás del grano, luego implosionó cuando supe que existían diferentes métodos de preparación del café y que la ciencia jugaba una parte vital en cómo iba a resultar la bebida. Fue mi momento ¡AH HA! Quedé enganchada inmediatamente.

Yendo pa’l cuero

Durante el 2015, empecé a hacer  jugar más con la prensa francesa, con cantidades de agua, cantidades de café, qué tanto tiempo molía el café, etc. resultando en tazas con diferentes perfiles de sabor.

A inicios del 2016, la vida me pateó la cara. Por razones y coincidencias, quedé detrás de la barra de Mentiritas Blancas 1.0 (cuando aún estaban en Betania). El jedi Giancarlo (a quien agradezco infinitamente) empezó a compartir conmigo de forma desinterada sus aventuras por este mundo. Participé en varias degustaciones en el local y empecé a leer la bibliografía recomendada por el dude. Poco a poco fui empapándome del café de especialidad.

Mi primer laboratorio de café, Mentiritas Blancas 1.0

Después de muchos libros y artículos de café, un v60, dos molinos manuales, dos escalas digitales, una tetera, un contenedor para café, varias bolsas de café, un sinfín de experimentos, un viaje a Canadá y ocho bolsas de café, le dije a Giancarlo,

“Si necesitas una ayuda detrás de la barra, acá hay una mano.”

Terminé empezando. Y empecé terminando.

Muchas gracias,

Lucía

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