Café negro

¿Alguna vez han probado el café negro sin crema, sin leche, azúcar o miel?

Muchas veces podemos pensar: “Oh, cha, pero el café negro es amargo, es una bebida que no me gusta y es muy desagradable. No sé cómo puedes tomar el café sin leche o azúcar. ¡Qué asco el café negro!”

Al empezar en el mundo del café, lo único que tomaba era el café negro de la cafetería de la Facultad. No aguantaba su sabor, era una cosa espantosa que destrozaba mi olfato y mi gusto. Cada vez fui agregándole más “Cremora” y más azúcar hasta que en un punto me dije: “NO MÁS DE ESTO.”

En ese momento, me di cuenta de que si iba a tomar café, tenía que buscar un café que tuviera un buen sabor desde su base.

La vida en general es comparable con la experiencia del café negro. Al quitar los elementos excedentes, las cosas que no nos apasionan, los proyectos que nos pesan, las relaciones que no nos hacen bien, podemos apreciar mejor el sabor intrínseco de la vida.

Definitivamente, la reducción del desorden que se nos presenta en la vida es un proceso. El hacer esto poco a poco y de forma gradual, nos ayuda a liberarnos de piezas innecesarias que nos pueden causar un estrés que no nos dejan pensar claramente, haciéndonos perder el enfoque en las cosas importantes.

Vivir de forma simple, sin guillas que nos maltripeen, sin cosas que nos pesen, es un gusto adquirido. La apreciación de la vida en su forma más pura es algo que debemos aspirar a sentir.

Es algo que debemos atrevernos a vivir.

Así que… Ve más lento, anda calmadamente, y trata de ¡saborear la vida!

– Lucía

2 opiniones en “Café negro”

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